jueves, 23 de abril de 2009

De interior

Parte I - Antes.

Como un anuncio llegó cargado de las 13 campanadas, el viento; aquel frío viento ajeno en el lugar. Las razones yo no las conocía, pero algo extraño llegó a este lugar. Había pasado aquí varios años de mi vida y, de pronto, todo me parecía extraño. No nuevo, pero sí extraño. Ajeno, quizá, a este lugar.

Los sabores del viento palpando mi lengua parecían demasiado definidos. Los colores llegando a mis ojos parecían demasiado contrastantes. Las interrupciones de mi contemplación, demasiado fútiles. La vida, demasiado absurda.

Parte II - Al salir.

...y lo más extraño; lo más sorprendente es que yo, al igual que ellos, noté que la atmósfera era más densa.

Más denso el aire, más fuerte la gravedad, más alta la humedad, más enrarecido el clima.

Y vi el insecto de patas absurdas y vi el holocausto y vi esto además de aquello; todo lo que leí.

Los ojos, desorbitados. La mirada, confundida. La mente, nublada. Mis visiones, alteradas. La velocidad del mundo me parecía nula. Sólo yo me movia en ese lugar, sólo yo no estaba poseída por la fuerza de Tunguska; o peor: quizá era en realidad yo la única que notaba la posesión en ellos.

Fui un zombie en medio de gente normal. Impotente al no poder revertir su destino a desaparecer a pesar de estar, al menos en ese momento, a salvo de la muerte; a salvo de la atmósfera marciana que cubría la conurbación.

Parte III - Al olvidar.

A salvo ya, relaté lo sucedido con menos convicción. Quizá al salir de la nave; del cine; de la bola de cristal, la suceptibilidad encandiló mi vista y me nubló la realidad. Pero la realidad estaba nublada, la realidad estaba ajena, la realidad estaba... irreal.

Parte IV - Un día después.

El último soplo de aire fresco, el último movimiento puro de mi cuerpo.
Ahora, todo está terminado: su asquerosa escencia inunda mis pulmones y despierta mis ganas de matar, destruir, aniquilar.
La inocencia me parece estúpida, la amistad; despreciable.
El exterior es insalubre, el interior es inestable. Todos, todos se encuentran poseídos por la atmósfera y no hay cosa que pueda hacer para evitar que me posea y me destruya.
La siento, entra por mi nariz. La siento, colapsa poco a poco mis plumones. La siento, agota las últimas gotas de vida en mi interior. La siento, aniquila mi último y final movimiento de paz.