sábado, 16 de febrero de 2013

Vuelta al trabajo - post extremadamente atrasado

Al final por el asunto de la apendicitis de mi cuñado y porque un día fui y pillé todas las puertas cerradas y las luces apagadas, recién vine a empezar con el voluntariado el día 15 de Enero, gracias a que la nueva coordinadora de voluntariados me escribió y concretamos una cita --ya no pillé más luces apagadas :)

Al volver me enteré que ese domingo recién pasado había fallecido una de las abuelitas con las que solía compartir más y que estaba bastante enferma los últimos días que estuve ahí antes de Navidad. En ese momento me dio mucha pena y aún hoy a veces la recuerdo con su sonrisa linda, sus chochos alborotados y su -"ja, ja" como respuesta a todo. Fue a ella a la que acompañé cuando fuimos a la catedral en medio de la tormenta de nieve y a la que solía acompañar a la planta baja a jugar bingo... Al menos no era una de las personas que nadie visita; vi constantemente a sus hijas con ella y eso es inigualable, sobre todo al ver cuántos de los viejitos más amorosos pasan sus días absolutamente solos.

A esta altura ya estoy a punto de finalizar contrato nuevamente, pero esta vez no creo que lo renueve. Primero, porque con la visita de mi hermana (para la que ya falta poquiiiito) estaré un mes afuera y espero que para cuando se tenga que ir ya tengamos una respuesta de la UDI (sí, sigo soñando) y estaré en condiciones de, por fin, comenzar con el curso de noruego, ya que el siguiente comienza a mediados de Abril si la memoria no me falla, pero también porque últimamente me está afectado emocionalmente ir para allá, no sé si será porque con la muerte de la abuelita esa como que la realidad se me hizo real -en cualquier momento puede morir otro de los pacientes- o porque simplemente me involucré emocionalmente.
No sé realmente qué fue lo que cambió, pero antes por más que me diera pena a veces al estar ahí, una vez salía de las puertas del hogar me desconectaba completamente y dejaba el trabajo en el trabajo, pero ahora a veces no puedo ni dormir pensando en los pacientes, camino con miedo los últimos metros antes del edificio pensando en cuál se habrá muerto (aunque aún no se ha muerto ningún otro) y... no me hace bien, esa es la verdad. Puede sonar muy egoísta, yo también lo siento egoísta la mayoría del tiempo, pero tengo que pensar en mi bienestar emocional y la verdad es que estoy contando los días para terminar de una vez y poder dejar ir a los pacientes, aunque estoy segura de que difícilmente los olvidaré, pero al menos... no se, desligarme o desprenderme de esa pena constante.

En otros detalles, esta vez estoy trabajando 3 días a la semana, como había pensado. El lunes trabajo en una sección del primer piso, donde los pacientes están en general más conscientes de su alrededor, pueden todos hablar y la mayoría caminar y es en realidad una experiencia diferente, mucho más enriquecedora en el tema del idioma y más acogedora en el sentido de que, ya que los pacientes son más independientes, el área común tiene más movimiento, hay más conversación, es más hogareño. Los martes y miércoles sigo yendo a la sección en la que empecé, aunque esta vez me he dedicado más que nada a preparar cosas ricas, como queques de chocolate, waffles, cosas especiales para que los abuelos compartan en el café de la tarde.

A veces hay cosas que me hacen querer quedarme, o volver después del mes que me tomaré con mi hermana, pero creo que mientras no se me salga la angustia que me provoca estar ahí, no es la mejor de las ideas.