lunes, 25 de marzo de 2013

Corriente de la consciencia, o cómo la incompetencia de unos nos hace pagar a otros.

Después de mucho cuestionarnos los por qué y los cuándo, decidimos que Steffen iba a llamar a la UDI para preguntar y (ojalá) apurar el caso. Como atienden por teléfono hasta las 13 horas, la única opción es que lo hiciera desde el trabajo, así que hoy llamó.

Al parecer mi solicitud fue aprobada en Septiembre del año pasado, pero la policía local se olvidó de informarnos. SE OLVIDÓ! SE OLVIDÓ!

No entiendo, no me cabe en la cabeza, no logro asimilar que por culpa de que alguien no hizo bien su pega he estado en esta situación de mierda de no saber nada, de no poder hacer nada por al menos 6 meses más de lo que debería!

Perdí... no puedo dejar de pensar en lo que perdí, en esos 6 meses en que podría haber hecho tantas cosas, en que quizás hasta podríamos haber viajado a visitar a mi familia, en que ya estaría lista o bien avanzada en el curso de noruego, en que...  mil cosas, porque aunque claro, ahora sé, ahora puedo, ahora estoy y ahora lo otro, JAMAS voy a recuperar esos 6 meses.

Steffen llamó a la policía y obviamente ellos culpan a la UDI, y la UDI los culpa a ellos y al final el mío será otro caso más donde se tapan las cagadas entre ellos y nadie paga y los únicos que la pasan mal somos nosotros, o yo en realidad.

Estoy obviamente tratando de enfocarme en lo bueno, en que por fin, en que se acabó la espera, en que desde ahora todo es posible, pero tengo una impotencia tan grande que me cuesta mirar lo lindo de esto, me cuesta celebrar, me siento más mal que bien con saber.

Todos los que han sabido se han alegrado, y yo obvio que sé que es algo bueno que me hayan aprobado, pero no logro aún visualizar la alegría en el asunto, y es que nadie tiene ni la más puta idea lo que se siente que por la incompetencia de otros no perdiste un día, ni una semana, sino que perdiste 6 meses de tu vida en que todos los proyectos y todas las ilusiones estuvieron tantas veces a punto de irse a la mierda, en que los problemas al colon se me intensificaron, en que pasé noches y noches sin dormir, o con pesadillas, o pensando qué mierda voy a hacer de mi vida si me dicen que no, o si tengo que seguir esperando.

Mi mamá, mi papá, mi hermana, mi suegra, todo el mundo ve lo lindo, ve lo maravilloso que es que por fin podré hacer las cosas con las que tanto he soñado, pero yo por ahora sólo veo lo que perdí en estos 6 meses, la frustración, la impotencia, la rabia. Sinceramente no logro asimilar aún los motivos para celebrar.

Cuando Steffen me llamó para contarme el notición, lo primero que hice cuando corté fue llorar. Lloré como si se me hubiera muerto alguien, lloré tanto que me dieron arcadas, y de las arcadas me quedó la garganta casi en carne viva. Lloré y ahora que escribo esto sigo llorando, y paré entre medio solamente porque tenía que ir al médico, ya contaré por qué en otro post.

Y ahora, sola nuevamente en el departamento, lloro mientras escribo esto pero con un llanto más calmado, sin arcadas y sin ahogos, y creo que el escribirlo me está ayudando a hacer catarsis, y creo que estoy viendo por fin que, a pesar de las incompetencias y de los 6 meses perdidos, esto es bueno, estoy es muy muy bueno, porque por fin puedo pensar en tomar el curso de noruego sin que nos signifique dejar de comer, y puedo pensar en trabajar y en hacer planes a futuro, pensar en que sí voy a poder pagar por mis propias cosas en un futuro cercano, y voy a poder ahorrar, y pagar mis créditos universitarios, y ayudar a mi familia, y comprar algo lindo sin sentirme culpable, y pagar el sushi a medias y poder comer más seguido, y, siendo súper optimista, quizás incluso comprarle algo a mi marido maravilloso para su cumpleaños.

Ahora me siento como dopada, no sé si es un efecto de la cosa por la que fui al médico o es que por fin de a poco estoy liberando toda la tensión que acumulé en este año y tanto de espera, o es que está saliendo todo de una vez, toda la angustia que tengo desde que se fue mi hermana, desde que esta espera no tenía fin, desde que dejé a mi familia para venirme a Noruega, desde que fue el terremoto y nunca lloré como debía, porque tenía que ser fuerte en todas esas circunstancias. Hoy no me siento fuerte, me siento indefensa y pasada a llevar, y siento que perdí la poca fe que me quedaba en este sistema del primer mundo, y me siento engañada, y estúpida, y... tan maravillosamente tranquila.

Mañana vamos a la estación de policía y de ahí, el cielo es el límite.