viernes, 15 de diciembre de 2006

La fría mirada...

Y entonces descubrí por qué aún en los peores momentos no podía dejar de pensar en él... Sentía que todo vacío y toda inseguridad que inundaba mi corazón desde hacía aproximadamente 2 meses se debía a que él no estaba conmigo; que el mismo día en que ocurrió aquel horrible suceso lo había perdido para siempre. Y es que en el fondo de mi ser sólo esperaba sentir su respiración sobre mi piel y sentir sus brazos rodeando mi triste existencia, mi desagraciada figura y mi frío corazón. Su mirada cálida se contraponía con la fría mirada que había sobre mi en ese minuto. Esa mirada que teñía de azul cada uno de mis suspiros... Esa mirada dueña de unas manos que habían roto lo único que me quedaba de él. Lo único que tuve de él. Y a pesar de que mis ojos ya se acostumbraban a la penumbra de aquel húmedo y putrefacto sitio, mi alma segía buscando algún espacio en su lejano corazón. Y lo hacía a pesar de que sabía que él siempre la amaria y que sería ella y no otra la dueña de él por toda la eternidad y sabiendo que mi corazón algún día marchito de amor dejaría simplemente de latir por él y que ni siquiera serían recordados aquellos lejanos días en que lo veía caminar por donde luego pasé tantos Jueves... y ni siquiera recordaría su mirada sobre mi y sus manos sobre mi y su triste beso sobre mi, como imaginando que era ella y no yo la que rogaba que se quedara para siempre y que aún hoy sigue llorando su partida a nunca jamás.