domingo, 28 de noviembre de 2010

Licenciatura

El viernes fue mi ceremonia de licenciatura. Cuando nos avisaron que teníamos que empezar a hacer la tramitación del grado, me dio lata. No la obtención del grado como tal, sino por la ceremonia. Me daba lata toda la fanfarria ceremoniosa de las actividades de ese tipo... No tenía ganas realmente. Igual hice todos los trámites y me preparé mentalmente para el día, aunque sinceramente me daba lo mismo. De hecho, si mi familia no hubiera ido me habría dado igual. Todos me decían que qué bonito, que cómo no me iba a importar, que era un orgullo, que qué lástima no estar ahí. En especial Thunder, que le daba mucha pena perderse el momento pero yo le insistía que me daba lo mismo, que por mi no iría y me quedaba en la casa con él.
Todo eso era hasta el día mismo de la ceremonia, cuando realmente lamenté que no estuviera a mi lado. Es decir, siempre me gustaría tenerlo cerca, pero me dio mucha pena que no pudiera acompañarme en ese día. No sé si algún efecto del cóctel del día anterior, que estuvo tan lindo o de qué, pero la cosa es que en la mañana me despedí de él con bastante pena.
La ceremonia estuvo linda, muy sencilla y bastante íntima, pero me hubiera gustado verlo ahí, que me abrazara para felicitarme, darle un beso al terminar la ceremonia, tomarnos una foto juntos... caminar de la mano para salir del auditorio... todo eso que la distancia nos limita.

Pero, más allá de ceremonias y emociones, el asunto es que me he licenciado. ¡Vamos a por el título!