domingo, 28 de noviembre de 2010

Plantas de Papa, Héroes Americanos, sueño de una noche de Sábado.

Con 2 personas más (creo que una era la Marcia, el otro no sé) queríamos plantar una planta de papa.
Era una papa con un brote grande, de unos 30cm de largo. Una planta hecha y derecha, pero con su papa originaria aún en sus raíces, intacta, sin más brotes que sólo ese.
Yo hacía un hoyo con las manos en la tierra, junto a otra planta que ya había en ese lugar.
Cuando ya llevaba alrededor de 30cms de profundidad, encontraba 2 monedas de CLP$100 (una nueva y una vieja) y creo que una monedad de CLP$10.
Me entusiasmaba y empezaba a mover la tierra con cuidado, y aparecieron más monedas, pero no recuerdo de qué valor. Sí recuerdo que entre ellos había un cuarto de dolar y además una moneda que en principio identifiqué como argentina, pero después dudé pues se me hizo más antigua, como de la cultura Inca.
De pronto, apareció una especie de vitral pequeño, luego otras cosas que no recuerdo. Luego yo me paraba, quizá para guardarme las monedas, no lo sé.
Las otras 2 personas seguían desenterrando cosas; una especie de joyero de loza, algo más, otro joyero azul y, bajo este, un cráneo.
En algún momento poco después del joyero azul llegaron personas dueñas del lugar donde estábamos cavando.
De pronto el lugar en que cavábamos estaba dentro de una oscura sala de museo; antigua y tétrica, casi como un mausoleo. El piso era oscuro, me parecer que azul, y nosotros habíamos cavado en el lugar donde no había baldosa, sino tierra húmeda. Ahí, justamente. Y nadie sabía que había una tumba bajo el piso de la sala.
La que supongo sería la arqueóloga nos dijo que podíamos presionar para que lo desenterraran. Al parecer se trataba de la tumba de un hombre importante para la Historia de América Latina. Creo que era Hernán Cortés, o del Adelantado Don Diego de Almagro. Nunca tuve certeza de quién era.
Le pregunté a esta mujer si ella quería que se desenterrara, pues la supe de fuertes sentimientos hacia la Historia. Dijo que no. Dije que entonces no presionaríamos. Alguien dijo que se podía poner una especie de ventana al piso, para poder admirar la tumba sin perturbarla. Estuvimos de acuerdo.
Todos devolvieron los tesoros encontrados.
Yo me fui con las monedas en el bolsillo, donde las había escondido estratégicamente.
Salí del museo a un día soleado, pensando si el espíritu del hombre enterrado iría tras de mi por llevarme el dinero, pero me importó poco.
Revisé las monedas y encontré también en mi bolsillo el pequeño vitral. Decidí devolverlo. No sé si lo hice.

Luego llegué a la celebración de un cumpleaños en una escena de un sueño que tuve mucho tiempo atrás y del cual no recuerdo detalles.
Le conté a mi mamá acerca de lo que me había ocurrido recién y ella también me dijo que quizá el espíritu iría a molestarme.
No me asustaba.