viernes, 9 de diciembre de 2011

La aventura en Santiago, día 3 y final

Antes de que viajemos y ya esta historia pierda importancia, o bien antes de que se me olvide, que creo que puede pasar antes, les contaré acerca del último día de nuestro loco viaje a Santiago durante el mes de Octubre.
Ese día despertamos agotadas después de los días anteriores, pero tomamos un buen desayuno, revisamos una vez más los papeles y partimos sólo con las tarjetas bip! (la tarjeta de pago electrónico de los buses de Santiago) y las llaves al último destino del viaje.
Yo había estado en esa parte de Las Condes sólo una vez y recordaba bien cómo lucía, pero vagamente cómo llegar allá desde la bajada del metro. Por supuesto, Ley de Murphy de por medio, escogimos la salida equivocada, por lo que en primera instancia costó ubicarnos, pero afortunadamente nos dieron las indicaciones precisas y cuando llegamos a "Sanhattan" ya me sentí algo más tranquila, porque ahí ya tenía claro hacia dónde teníamos que ir, aunque había preferido tratar de no pensar en la distancia larga que nos tocaba caminar desde el Costanera Center hasta nuestro destino. Sólo sabía que era bastante y que, al menos en Google Maps, no se veían muchos arboles donde refugiarse del sol que ya en esa fecha estaba pegando fuerte.
Entonces caminamos, caminamos, caminamos... mi hermana ya estaba perdiendo la paciencia y ambas sentíamos  como parecía que íbamos colapsar del calor, cuando la vimos: ahí estaba, fría e impersonal, la embajada de Estados Unidos.
Ya había una pequeña fila de personas bien pegadas a la pared, como tratando de esconderse bajo una sombra inexistente a esa hora del día.
Nuestra cita era a las 14.30, pero llegamos allí creo que no más allá de las 13.30 y las puertas aún estaban cerradas así que mientras esperábamos empecé a sentirme enferma, tenía un dolor de estómago como de frío (cosa nada de inusual en mi aunque haya calores abrasantes) y tenía los músculos del cuello y hombros contracturados.
Cuando por fin abrieron las puertas y empezó a entrar la gente poco a poco, mis dolores no mejoraron y cuando por fin nos tocó entrar, tampoco.
El proceso de entrada los que hayan solicitado visa a los USA lo conocen, pero consiste principalmente en: control de seguridad, caminar un poco más, entrar a una sala grande, hacer otra fila, mostrar el comprobante de que llenaste el formulario y de que pagaste el costo de la tramitación, entregar tu foto. Pasar a una segunda sección dentro de la misma sala donde te toman las huellas digitales de todos los dedos, después esperar a que te llamen a una de las ventanillas para que te entrevisten.
Yo llevaba bastantes papeles tanto para mi hermana como para mi, incluyendo en el caso de ella certificado de nacimiento, permiso notarial para salir del país, los pasaportes de mis papás, certificado de alumna regular del colegio y del Instituto Norteamericano, donde se dejaba constancia que había sido becada por la misma embajada y blablabla... En mi caso llevaba certificado de nacimiento, de matrimonio y de título, copias de mis cartolas de cuenta corriente y de las liquidaciones de sueldo de Steffen, una copia de su licencia de conducir, 2 o 3 copias de mi ticket electrónico para viajar a Noruega y una lista tremenda de razones en mi mente para decirle al entrevistador en caso de que me preguntara por qué no estaba trabajando, incluyendo algunas frases en noruego si es que no me creía que estoy de dueña de casa para enfocarme en el aprendizaje del idioma. Mi miedo era que podían negarme visa por no estar trabajando y por lo mismo llevaba millones de formas de probar que mi matrimonio y mis planes de migrar a Noruega eran (son) verdaderos y que no tenía (ni tengo) intención de quedarme en USA, y menos de forma ilegal.
Con tanto papel y tantas dudas, no esperaba una entrevista más o menos así:

Gringo: - Buenos rías, cual es el motivo de su viaje
Su: - Placer... mmhhmm... turismo.
Gringo: - A quién visitarán en los Estaros Uniros?
Su: - A nuestro hermano
Gringo: - Usted, está casara, por qué no vive con su mariro?
Su: - Porque me iré a vivir con él luego de visitar a mi hermano.
Gringo: - Y usted, cuántosaniostene?
San: - Qué?
Gringo: - Cuantosaniostene?
San: - Qué?
Gringo: - Cuántos anios tene?
San: - Ah!, quince.
Gringo: - Qué relación tienen ustedes, son familiares?
Su: - Sí, somos hermanas.
(silencio de segundos se que sintió como años)
Gringo: - Ok, su visa ha siro aprobara, felicitaciones, y que tengan un buen viaje.
Su y San: gracias!! (Su por dentro pensando - "iihhh gringo, te amo, loco!!!")

También preguntó algunos datos acerca de mi hermano y de Steffen pero en resumen, no nos pidieron absolutamente ningún papel!!. La emoción me consumió y todos mis achaques de vieja nerviosa desaparecieron, nos compramos una lata de bebida y salimos de la salota grande hacia el patio interior, en el cual no había reparado hasta entonces... de pronto la Embajada se veía colorida, acogedora y agradable... el viaje a visitar a mi hermano, era una realidad.

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Luego caminamos hasta la estación del metro, viajamos a casa de mi tía, cocinamos, almorzamos y partimos las 3, mi hermana su amiga y yo, ahora al terminal de buses. Sacamos pasajes, nos subimos al bus, y partimos de vuelta a nuestro Talcahuano, que aunque sea lluvioso y a veces un poco aburrido, seguía siendo nuestro hogar.