lunes, 7 de mayo de 2012

Del cielo a la tierra

Últimamente me ha costado mantenerme al día con las entradas. De hecho, recién publiqué las entradas que debía del 25 de Abril y el 01 de Mayo, con los dos paseos lindos que hemos hecho en el último tiempo. He estado demasiado ansiosa/hastiada por culpa de la espera, por el no saber qué pasaba con mis papeles. No se notaba sólo en el blog, también en el aseo de la casa, en mis manualidades, en mis costuras, en todo. Por eso cuando el viernes por fin retomé algo del ánimo que tenía al principio, cuando tenía el corazón lleno de esperanzas y anhelos, no creí que fuera algo malo, sino por el contrario, aproveché de limpiar profundamente como no lo hacía en varias semanas, de abrir las ventanas aprovechando el día lindo que hacía afuera y esperar a que Steffen llegara del trabajo con la mejor de mis sonrisas y me desanimó bastante que poco antes de que llegara me viniera uno de esos dolores de cabeza que vienen sin más y se van sin más, pero me dejan botada por un rato, y por lo mismo ya no tuve la mejor de mis sonrisas cuando le fui a abrir la puerta, pero él tampoco la tenía. Lo que sí tenía era un sobre en la mano... un sobre de la UDI...

Para qué le voy a dar tanta parafernalia, mejor se los digo y ya. Nos rechazaron la aplicación. ¿El motivo? Faltaba un papel que dijera cuántos studiepoeng (créditos) había tomado Steffen el año pasado. Cosa curiosa teniendo en cuenta de que un par de semanas atrás lo llamaron precisamente para que llevara unos papeles entre los que se encontraba la información de su carrera. En resumen, les faltó sacar una fotocopia y por eso me mandan de vuelta sin más. Tengo que abandonar el país antes de que termine Mayo.

En estos días, desde el viernes y hasta anoche, hice poco más que lagrimear y pensar en qué llevarme, qué traerme de vuelta, qué hacer mientras esté allá, cómo configurar nuestros horarios, 6 horas de diferencia incluidas, para poder mantener nuestra relación saludable mientras estamos separados. Pero mi marido, él ha sido más proactivo. Él redactó la carta de apelación, pidió ayuda para que la revisaran, juntó los papeles que necesitábamos y hoy, cerca de las 8 de la mañana, entregamos todo a la policía. Entonces, aún hay esperanzas. Pero no me quiero confiar. No lo hice antes y ahora, que es la última instancia que nos queda, simplemente no puedo sino ser realista y pensar en que existe un 50% de probabilidades de que me tenga que ir.

Entonces, toca pensar en lo bueno de la situación: podré estar con mi hermana mucho más pronto de lo que esperaba. Podré comer las cosas que echo de menos y traerme las cosas que tuve que dejar esperando, traer manjar del que me gusta, traer dulces, traer al menos una bandera de Chile y, ojalá, todas las cosas típicamente chilenas que pille por ahí. Pero para eso necesito dinero, y para tener dinero necesito trabajar, y trabajar me va a significar tener menos posibilidades de mantener contacto fluido con Steffen mientras estemos separados. Entonces, mi idea es trabajar en un pub, en la tarde-noche, cuando él ya se haya ido a dormir. Por supuesto, Steffen me da un no rotundo. Que prefiere que no nos veamos un par de días a la semana a que trabaje de noche. Yo no sé qué es menos malo. Pienso en un trabajo por turnos, pienso en las pesqueras, donde trabajas de noche pero en un ambiente seguro, y además están cerca de mi casa. La oportunidad perfecta, con la única salvedad de que trabajas literalmente dentro de un refrigerador... No sé... mejor espero a saber si, efectivamente, me tengo que ir. Pero tengo que pensar en algo, tratar de mantener la cabeza fría, por que si no, no voy a funcionar, y voy a estar con el alma en un hilo hasta que nos den el si... o el no.

... y yo que estaba tan entusiasmada con las celebraciones del 17. mai...