domingo, 11 de agosto de 2013

Novedad que ya es vieja 2 - Recibir tu primer sueldo

Ver un pequeño monto de dinero en mi cuenta de ahorro. Mi cuenta de ahorro. Mi ahorro. Mi dinero. Una cantidad de verdad que pequeñita, que no alcanzaría para vivir un mes en Chile, pero que me hace sentir tan orgullosa, porque es mía, porque era MUY tentador gastarla (y todavía lo es), pero que en cambio ahorré y está ahí, mirándome orgullosa de vuelta y esperando por el siguiente monto que vendrá a hacerle compañía, y que espero que llegue pronto. Y si es más grande que este monto, mejor aún, pero si es del mismo tamaño, será también bien recibido.

Ese es el sentimiento más lindo que me ha traído el haber recibido mi primer sueldo y haber ahorrado el 79,7% del valor que apareció en mi cuenta el pasado 30 de Julio.

Porque claro, me muero por comprarme el mundo y mi primer sueldo, pequeño y todo, habría servido para darse un día de shopping de los buenos en IKEA, o podría haber comprado pasta muro y pintura para arreglar de una vez esa pared que ha estado sin pintar por no sé cuantos años y que mi marido se niega a arreglar -"porque es mucho trabajo", y le he dicho que yo lo hago, que yo tengo a honor el ser el handyman de la casa, pero si no me compra los materiales no puedo, y ahora habría podido comprar las cosas yo misma con ese sueldo, pero no es prioridad, porque a pesar de que aparecen de ahí más arañas que desde el resto de la casa y haga que el espacio del pasillo-recibidor se vea más feo y pequeño de lo que es, no es que entre humedad, ni viento, ni nada con lo que no se pueda lidiar, así que simplemente tendrá que esperar, porque hay cosas más importantes en las que prefiero invertir ese dinero, más importantes que cómo me gustaría que luciera el departamento, que mis proyectos de maestro chasquilla amateur, que toda la ropa que quiero y/o necesito y que las velas, servilletas, vasos y cosas de repostería que me encantaría poder comprar en IKEA.

Pero sí. A pesar de las mil cosas que quisiera hacer con mi sueldo, preferí ahorrar gran parte de él. El resto, lo gasté principalmente en comida, aunque también me compré un poco de ropa interior que me hacía MUCHA falta, y me di el gusto de comprar algo con lo que venía soñando desde el año pasado. Todo eso con sólo mi pequeño sueldito hecho a base de turnos largos sin silla, nervios por balances de caja desbalanceados, batallas entre mi oído y algunos dialectos raros y mucho, mucho aprendizaje. ¿Ya les conté lo contenta que estoy de haber conseguido mi primer trabajo?