miércoles, 29 de junio de 2011

The sweetest thing

Después de toda mi vida riéndome de las parejas con sobrenombres; predicando a diestra y siniestra que ponerle apodos a la pareja era la cosa más cursi y empalagosa del universo, por supuesto que me tenía que salir "el tiro por la culata": casi desde el principio de la relación, con T tenemos un apodo. Y me encanta.

Cada vez que recuerdo cómo surgió el apodo pienso que es la cosa más dulce del mundo y que nuestro apodo dice (para nosotros) gran parte de lo que somos como pareja.

Cuando T me contaba algo como que no había tenido un buen día en el trabajo, o que estaba lloviendo y no podía sacar la moto, o cualquier cosa "fome" no tan seria, yo le respondía con el típico "buuu :(" o "bubu", que al menos acá en Chile son las expresiones más comunes del universo para expresar condescendencia en una situación insatisfactoria para el otro.

Para mi estaba claro el significado de la expresión "bubu", pero noté que para él no cuando empezó a utilizar esta palabra en situaciones "nada que ver". Lo dejé pasar un par de veces, hasta que ya no pude más de la curiosidad y le pregunté por qué la utilizaba, a lo que me respondió que no sabía, que como yo decía eso pensó que era una forma de llamarlo a él.

Obviamente me derretí de la ternura que me inspiró y empecé a utilizarla, ahora de verdad como una forma de nombrarlo, llamarlo o dirigirme a él.

De ahí surgieron variaciones, como que yo soy Subu o Sububu y él es Stubu o Stububu, o que nuestros hijos serán babus (baby+bubu), o que nosotros somos bubus, una especie mamífera completamente diferente a la raza humana y que es nuestro deber preservar nuestra raza... un montón de chistes internos que probablemente nadie más entienda ni encuentre graciosos, pero que son una marca registrada de nuestra relación.