viernes, 23 de noviembre de 2012

Otoño

En el tiempo que llevo en esta ciudad he podido experimentar ya un poco de cada estación del año.

Invierno: El año pasado para mi fue lleno de nieve y este año, en cambio, me tocó lleno de hielo (dándome como premio dos hermosas caídas) y algo de lluvias y un frío más intenso del que esperaba, aunque nada del otro mundo.

Primavera: Una explosión de verde que llegó de un día para otro, luego una larga pausa por la vuelta del frío, luego la "segunda parte" que no alcanzó a ser.

Verano: Muchos dicen que nunca llegó, pero que igual disfruté y odié al mismo tiempo. El sol era exquisito en las tardes, pero en las mañanas-medio día, entraba tan fuertemente al living que no hayaba dónde meterme.

Ahora estamos en pleno otoño, las calles están atestadas de hojas amarillas y ha llovido mucho, muchísimo! también han habido ráfagas de viento que parece que cantaran fuera de la casa y las temperaturas han estado muy agradables; protegiéndote de la lluvia, no necesitas más.

Cualquiera que me conozca un poco sabe lo mucho que me gusta la lluvia; me gusta verla por la ventana, escucharla cuando me estoy durmiendo, despertar con ella, caminar bajo la lluvia, pisar las posas de agua, sentir la lluvia en mi cara, etc. 
También me fascinan las hojas y los colores del otoño. Me fascina que no haya ni demasiado frío ni demasiado calor.
Me fascina que, muy de vez en cuando, y de manera inesperada, salga el sol en medio de un día lluvioso y la tierra esté húmeda y se vean arcoíris reflejados en las posas de agua.

En resumen, hasta el momento el otoño ha sido mi estación favorita. Dicen que ha llovido el doble de lo que llovió el año pasado, así que al parecer no todos los otoños son así como ha sido este, pero qué importa, si este me lo he disfrutado a concho; sentándome a ver las palomas y las gaviotas revoloteando en el centro de la ciudad, caminando tarde hacia el paradero en una noche húmeda y nublada, escuchando el viento soplar con fuerza en el patio, y los truenos que de vez en cuando se asoman entre tanta lluvia. Durmiéndome pegada a Steffen mientras escuchamos la lluvia, o los granizos, o el mismo viento, saliendo a mis distintas actividades bajo un cielo eléctrico que no se decide a empaparme, a la vez que camino sobre un colchón amarillo de las mismas hojas que antes bañaron de verde los arbustos de los alrededores. ¿Qué más se puede pedir para tener la estación perfecta?