martes, 23 de octubre de 2007

No he llorado por amar, pero he llorado por amor

Una vez le pregunté a mi mamá si yo había llorado estando en su vientre. No supo responderme.

Se dice que las personas que lo hacen, no son capaces de amar de verdad. Ya en este momento no me siento ni desganada ni triste, pero es porque ha comenzado a hacer frío. En los días de más frío es cuando me siento más feliz, más viva, más cerca de la muerte, pero no a un paso de ella. Cercanía espiritual, cercanía de amistad. Los días de sol me deprimen un poco. Por los dolores fulminantes de cabeza, por la soledad que se hace evidente. Bajo la lluvia todo vive, bajo el sol se queman las retinas, se quema la piel, se cierran las heridas y sólo queda esta inmensa pena de no sentir pena. Esta inmensa agonía de no tener alguien por quién morir, esta inmensa soledad de no necesitar a alguien al lado para sentirse plena. Es verdad, muchas veces me siento sola a gritos, pero sé que mi existencia no está hecha para ser compartida. Simplemente, no soy capaz de amar. He sufrido, claro está y a la mayoría le consta. No soy capaz de amar. He llorado, he buscado, he intentado, he deseado, he llorado... he llorado y me he obsesionado. Y he buscado y he intentado, pero no puedo negar que nunca he amado. No soy capaz de amar. A veces quiero hacerlo, quiero amar. No soy capaz de amar. Y mi corazón se agita ante tu presencia y ante tu ausencia, y mi mente sufre y mi corazón se aprieta, y mis ojos te buscan y mi cuerpo ansía tu respiración junto a la mía, como tan cerca estuvieron y como nunca han estado. No soy capaz de amar. No necesito que me ames, pero te necesito conmigo. Te necesito lejos, pero te necesito conmigo. No podría estar contigo, no puedes estar conmigo. No soy capaz de amar. Pero, mi alma, cómo te necesito!