lunes, 1 de octubre de 2012

Un día más

Otro día que no fue, otro día donde la respuesta no llegó. Es increíble cómo me arruina el ánimo algo tan simple como revisar el correo.
Estoy cansada, agotada mentalmente de tener que llevar esta maldita espera, de que mi estadía siga estando condicionada a más de 8 meses de mi llegada, de aún no poder tener algo tan básico como una cuenta bancaria, de no poder trabajar, de no poder comprar mis propias cosas, de no poder siquiera financiar algo tan básico como mi champú para el pelo, de tener que pensar y planificar y analizar todas mis necesidades antes de decidir si vale el gasto comprar un hilo rojo, porque no es fundamental y por lo tanto es prescindible, porque no sé qué necesidades voy a tener mañana, o el mes que viene, o el año que viene.
Estoy cansada de sentirme en el limbo entre mis dos hogares, por un lado abrazando la posibilidad de quedarme junto a mi marido mientras me sigue picando en la parte de atrás de la cabeza el hecho de que puede que me tenga que ir a Chile nuevamente, y claro, igual sería maravilloso poder volver a ver a mi familia antes de lo que espero, pero no quiero que sea así, no quiero que sea volver a verlos para después volver a tener que decir hasta siempre; no quiero pasar por ese duelo de separarme de ellos y sé que cuando vayamos de vacaciones allá también será difícil la separación, pero al menos sabré a donde pertenezco, sabré que mi hogar está acá aunque la distancia duela lo mismo o más, al menos no estaré en este punto medio donde no puedo sino pensar que en Chile podría estar trabajando, podría estar construyendo mi vida, mientras veo a Steffen y todo lo que hace por mi, por nosotros, por darme ánimos, por ayudarme a dormir en mis cada vez más recurrentes noches de desvelo y estoy cansada de sentirme culpable por tener rabia de estar aquí, esperando y esperando sin nada claro, sin ganas de hacer nada más que esperar, como si eso ayudara a hacer las cosas más fáciles...
Y lo peor es que me siento tan jodídamente sola, porque tengo a Steffen y tengo a mi suegra y en general de una forma u otra a toda mi familia política, pero a pesar de eso hay veces en que sinceramente no hablo con ningún ser humano en más de 10 horas; ya ni siquiera casi hablo sola y por eso siento que cada vez me aíslo más y más se me consumen las energías en esta espera eterna y solitaria.