martes, 25 de diciembre de 2012

Quemadura sobreexagerada

El Miércoles hicimos pollo con ensalada y preparamos una presa para mi cuñado, que a veces nos acompaña a cenar. No estaba en casa así que yo me olvidé del tema y me comí toda la ensalada que sobró y después llegó y shit! no tenía nada para que el pobre acompañara su presa de pollo. Entonces, le dije que le hervía unos fideos, que son rápidos y sirven de acompañamiento para todo. Me puse manos a la obra y todo bien, no hay gran ciencia en cocer fideos. Aprovechando el tiempo al máximo, también puse el pollo a recalentar en el horno durante los 10-12 minutos que se tomaron los fideos, así que todo estuvo listo al mismo tiempo y mi cuñado pudo comer sin problema.
El detalle fue para mi, que puse la bandeja recién sacada del horno sobre la cocina y como los quemadores de esta cocina demoran tanto en enfriarse, los jugos del pollo que seguían en la bandeja empezaron a hervir con el calor que aún emanaba de la cocina, y pensando que podía empezar a humear, o que se iba a pegar todo a la bandeja, o quizás qué cresta estaba pensando, pero me pareció buena idea tomar la bandeja, repito, recién salida del horno, con las manos descubiertas y llevarla al lavaplatos. Por supuesto la maravilla de mi ocurrencia no terminó ahí, pues cuando empecé a sentir que me estaba quemando, como a 10 centímetros de la cocina, en vez de volverla a su lugar, decidí continuar el camino hasta el lavaplatos, que no fue mucho; están una cosa frente a la otra, pero sí fue suficiente para que los pobres 6 dedos con que tomé la fuente se me quemaran; 4 de los cuales dolieron mucho, y dos de los cuales dolieron exageradamente, y uno de los cuales me dolía tan pero tan exageradamente que el dolor era una cosa feroz, indómita; más que un dolor consciente, lo que sentía era una sensación de llorar.
Tuve los 4 dedos más afectados bajo el agua por largo rato; el más afectado no lo podía sacar del agua por más de 6 segundos sin que el dolor salvaje volviera (lo cronometré; geek hasta la muerte!) y mientras estaba en mis delirios de dolor, pensando en que ojalá a Steffen no le llamara la atención la falta de movimiento en la casa (obviamente con la mano bajo el chorro de agua no había mucho rango de movimiento para mi) porque me daba plancha haberme quemado de una forma tan inteligente, me puse a filosofar acerca del concepto que presentaban en una triología de películas que ya son bastante viejas, Darkman, donde el héroe -Peyton Westlake- era un científico que, tras haber sufrido quemaduras como de 900° grado, el dolor era tanto que estaba al borde de la locura y por eso los médicos decidieron desconectar sus receptores de dolor para que pudiera sobrevivir.
Y el punto es que cuando vi las películas esa idea de dolor que te puede llevar a la locura me parecía súper irreal o difícil de conceptualizar, pero luego de haber experimentado este nivel de dolor sobreexagerado frente a una quemadura tan simple, superficial y pequeña como la que tuve, me replanteé esa idea y ufff... no sé qué tipo de fuerza interior tienen las personas que han sufrido quemaduras mayores que son capaces de sobreponerse a una experiencia como esa mientras yo casi lloraba con una cosa que no alcanzaba a cubrir la yema de mi dedo índice.

Mi dedo índice, el gran afectado, con su burbuja de piel quemada
En fin, que ahora ya está bien el pobre; el dolor pasó gracias al agua, a que me tomé las 6 últimas dipironas que me quedaba de Chile y que dormí con un paño húmedo amarrado al dedo.
Al otro día la burbuja de aire bajó y ahora la piel está dura, como si tuviera una costra reseca y tengo menor sensibilidad en ese dedo, pero quejarse de eso sería ya quejarse de llenos...