domingo, 13 de enero de 2008

Consumismo selectivo...

En general puede decirse que no soy consumista... No me tienta tener grandes televisores LCD [ni siquiera me tienta tener televisor], DVDs, consolas de juego, autos, ni renovar mi laptop siquiera... Creo que lo más cercano es que quiero comprarme un celular que cuesta un disparate, pero tampoco es algo que me quite el sueño...

El resto son aspiraciones de: tipos de muebles, camas, sillones y grandes etcéteras para rellenar de cosas el departamento que aún no tengo...

Sin embargo existen 2 cosas a las que sólo la fuerza de Dios dándome claridad de discernimiento me permite, en la mayoría de los casos, resistir a comprar. Estas 2 cosas objeto de mis mayores pasiones y sufrimientos son: los libros y las mochilas...

A los libros los amo por el sólo hecho de ser libros... Sueño con ir algún día a la Librería Antártica, mi paraíso terrenal, con una bolsa llena de dinero y comprarme una o varias copias de cada libro que tengan, desde la biografía de Don Francisco hasta la versión escrita de High School Musical, pasando obviamente por todo aquel texto que sí vale la pena leer... Lógicamente mi ideal es lograr eso o lo que más se le parezca a una edad no ta avanzada para alcanzar en vida a leerlos todos...

Como soy simplemente una estudiante cuya mesada no supera más allá de los $15000 mensuales entre los aportes del hermano y de la madre, no puedo aún soñar con financiar tal hazaña y debo conformarme con comprar alguno de los títulos cada uno o dos meses... Claro que siempre que pillo algún libro de mi interés a un precio de hasta $3000, me importa poco si estoy leyendo 2 ó 3 libros más al mismo tiempo o si ando con la plata justa para el pasaje... no salgo de la librería sin el volumen en su bolsita verde... Eso mismo me pasó el otro día cuando encontré La Increíble y Triste Historia de la Cándida Eréndira y de su Abuela Desalmada... Simplemente no pude resistir... De hecho, ni hice el esfuerzo de contenerme. Lo compré y paré de leer Coplas de Sangre [Rodrigo Atria] e Himno del Ángel Parado en una Pata [Hernán Rivera Letelier] [1] y leí de principio a fin mi librito recién comprado.

Por otro lado, están las mochilas. Siempre me han fascinado. Mientras más grandes y más cierres y bolsillos tengan, más hermosas me parecen... Sin embargo y a causa de mi gusto por las mochilas grandotas, siempre me he visto chistosa con ellas... Nunca me importó hasta hace poco, cuando producto de mi nuevo exceso de vanidad y amor propio medio narcisista, me miré en el espejo de una tienda donde andaba vitrineando con mi mochila al hombro y mi aspecto me recordó al de la tortuga Cecilio [la de Bugs Bunny; ver imagen adjunta]... Muchos que me conocen más y no saben mucho de mi cambio de mentelidad no me creerán lo que hice... [yo tampoco me creería si no hubiera estado conmigo] pero es cierto: Fuí casi corriendo hasta la feria 'El Pueblito' [para los de Santiago, es un lugar donde venden todo tipo de chiches de moda, como en Los Carros, pero más chiches que ropa], me compré una cartera linda que sabía que estaba en un local [omitiendo el hecho de que era igual a la de la Jani V.], la guardé en mi mochila, miré la hora y caminé a todo dar hasta la Universidad de Concepción, donde sabía debía estar por llegar o ya haber llegado Sebastián. Mucha suerte tuve, pues justo me encontré con él en Edmundo Larenas con Víctor Lamas. Cambié las cosas fundamentales de bolso, dejé mi mochila en su auto y me fuí sólo con la cartera, que me daba mucho más puntos de estilo... No estaba ni ahí con andar como la tortuga Cecilio cuando iba a junta de "El Foro" donde estaría mi masho...

Bueno, toda esa larga historia sólo para contar que, producto de asumir de una vez por todas algo que sabía pero omitía porque no estaba ni ahí, confirmé algo que venía sintiendo hace tiempo: La próxima mochila que me comprara debía ser más chica.

Si bien conservaba esa convicción grabada en el HD, no había pensado en el asunto porque no tenía interés mayor... Hasta hoy, cuando fuimos a Falabella, en el Mall Plaza El Trébol y, mientras Sebastián compraba su entrada [2], con Sandra fuimos a ver mochilas... Eran tan lindas todas, pero sin duda la más linda de todas era una que, obviamente, ¡ERA ENORME! Preferí ni mirarla en detalle; me conformé con echarle una ojeada por fuera... No quería romperle el corazón. Ya vencida la tentación de la mochila grande, quedaba sólo la tentación de comprar mochila como tal, pero como los precios estaban tan buenos, esa tentación sí me tentó y elegí, entre las mochilas medianas, una que llenara mis espectativas. Me compré la mochila Head Murano, de 21 Litros [nada comparado con los ¡¡40!! Litros de mi Extreme Hulk del año pasado]. Espero que me sirva [siempre tengo el miedo de que no me va a caber todo lo que necesito llevar a la U]. Estoy segura de que, al menos, me obligará a no andar con tanto cachureo de sobra... Y bueno, mi Extreme Hulk quedará sólo para cuando requiera llevar el laptop u otro tipo de accesorios de mayor tamaño...

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[1] Ayer fuí a un Diálogo con Hernán Rivera en la UdeC y me autografió el libro =)!! Yupiii estoy contenta... Sólo falta que mi GGM autografíe alguno de los muchos volúmenes de su autoría que componen mi pequeña biblioteca personal... Espero que no sea otro que mi Cien Años de Soledad.
[2] Estoy segura que podrá leer acerca de esto en su blog, pero no todavía porque salió.