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domingo, 14 de febrero de 2010

Escritos antiguos 1

Y, ya instalada y dispuesta a estudiar en el 3er piso de la bibioteca, comencé a pensar en ti. No había justificación, como aparentemente no la hay para sentir tanto por ti. Sé que no te amo, pero confío en tu capacidad de ser amado... y ¡oh! cuánto te quiero, cuánto te necesito, cuánto iluminas mis días con tu sonrisa, con tu voz, con tus (cada vez menos) furtivas muestras de algo parecido al cariño.

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