miércoles, 17 de febrero de 2010

Sueño de una noche de día Martes

Soñé contigo, Mr. Cf.

Todo empezó con una llamada tuya, donde me decías que volverías a Chile. Eso, por supuesto, yo ya lo suponía, dada la información que encontré en tu fb. Me decías (creo) que nos juntáramos. Yo suponía que vendrías a eso de mitad de año, pero dentro de poco rato golpeabas mi puerta. En algún momento del sueño me pregunté cómo supiste dónde vivía, pero le resté importancia. Me gustaba tenerte ahí, aunque, no lo voy a negar, no sentía las cosquillas en la guata que antes sentía de sólo pensar en ti. En el sueño aparecieron muchos de mis ex y conversamos, tú y yo, con la mayoría. Incluso iríamos a carretear con uno de ellos. Sin embargo, tú me pediste que fuéramos a la fiesta que daría el diario El Mercurio (*). No sé por qué soñé contigo; no sé por qué me buscaste tanto en ese sueño, por qué; si aún estás con ella, volviste a Chile derecho a donde yo estaba.

No soy buena con el significado de los sueños. Dudo, sin embargo, que este sueño signifique algo así como que aún no te he olvidado. Me alegraba que estuvieras de vuelta, pero a parte de encontrarte, como siempre, infinitamente atractivo, nada más pasaba en mi interior. Ni en la guata, ni en el corazón, ni debajo del ombligo.

Prefiero pensar que cuando te uniste a ese grupo que indicaba que quizá volvías a Chile pensaste en mi y recordaste algo lindo de eso que nunca fue. De nuestros besos locos y la mala suerte de la última noche que compartimos. De todo lo que significaste para mi en un momento sin tú siquiera saberlo. De todo lo que habría hecho por ti y que, sin embargo, no hice. De la primera vez que me miraste de esa forma que me derritió por dentro. De cuando me cuidaste porque estuve enferma. De lo todo y lo nada que hiciste por mi.

Ahora, Mr. Cf, realmente no sé por qué soñé contigo. No sé si tú, al otro lado de América, también soñaste conmigo. No sé si sea cierto o seguro que volverás a Chile. No sé qué haría si lo hicieras.

Lo que sí sé y con seguridad, a pesar de lo confuso del sueño, es que siempre sentí presente el recuerdo de él  golpeándome el corazón por dentro, golpeándome el cerebro por dentro, golpeándome las vísceras por dentro. Y cuando me levante supe, medio confundida y medio dormida, que el puerto al otro lado del mundo al que ahora se dirige mi corazón; es el indicado.

(*) Ni idea de dónde salió eso del Mercurio, pero revisaré emol por si las moscas.