viernes, 29 de abril de 2011

Limpieza de cuerpo y alma

Pensando en que estoy aburrida de lo fácil que se me desordenan los espacios y de tener tantas cosas que no utilizo y en que si me mudo con T tendré que llevarme 24 años de vida en 2 maletas de 23Kg y un bolso de mano de 8Kg (ya comprometí el cupo de maleta de T para usarlo en mis libros cuando me venga a buscar), he estado ordenando, clasificando y, principalmente, desechando cosas.

Ropa, papeles, juguetes (sí, aún conservo juguetes de mi infancia y hay algunos que, incluso, tengo pensado llevarme a Noruega), todo ha pasado varias veces ya por inspección/selección y a pesar de que, según yo, soy súper estricta en mis criterios de selección, sigo desechando bolsas de cosas cada vez que lo hago.
Hoy fue el turno de mi closet, donde apenas cerraba el cajón de la ropa interior y con esfuerzo la de la sección chaquetas. Me siento orgullosa de lo que logré; pues ahora ambas secciones cierran de forma relajada y, si quisiera, podría meter bastantes cosas más y aún no se llenarían.

Es que es tan fácil acumular cosas... me sorprende lo mucho que uno es capaz de juntar, a veces cosas sin uso alguno, ni siquiera el de evocar recuerdos cuando se los mira...
En mi familia somos suuuper cachureros y nos cuesta bastante desprendernos de las cosas bajo el pretexto de que algún día podría servir, pero yo quiero romper ese círculo porque no me gusta que las cosas quiten espacio a las personas; por lo que estoy tratando de mentalizarme en una tendencia lo más minimalista posible, sin quitarle mi escencia personal; es decir hay cosas a las que no tengo intención de renunciar, como los juguetes que ya mencioné.

Además, considero que el lograr desprenderse de cosas materiales sin valor ayuda a que uno mismo se sienta más libre, sin ataduras innecesarias... obvio no es cosa de botar un papel de pastilla y sentirse libre como el viento, pero creo que a la larga puede significar un gran paso para lograr valorar las cosas que son realmente importantes en la vida y que es lo que uno se lleva dentro del corazón; sin cargo extra en la aerolínea.

Entonces, mis criterios son:
  1. ¿Lo necesito?
  2. ¿Lo uso ahora?
  3. ¿Con qué frecuencia lo uso?
  4. ¿Está en buen estado?
  5. ¿Es cómodo?
  6. ¿Me veo linda usandolo?
  7. ¿Tiene algún valor sentimental?
  8. ¿Me lo llevaría a Noruega?
Y bueno, mañana me corresponde limpiar un mueble donde tengo todas las cosas de computador (CDs, cables, etc) y mis artículos de uso personal (lociones y demases) y el librero, que ese es más que nada reordenarlo y limpiarlo, porque mis libros son tesoro nacional y los únicos que tienen un puesto seguro en mi maleta, sea donde sea que me vaya.