lunes, 9 de mayo de 2011

El aborto y yo

Yo no estoy a favor del aborto. No es por un tema religioso, aunque me considero católica, ni es por un tema biológico/reproductivo/genético, y ya no es por un tema de responsabilidad y de asumir las decisiones que uno toma, como era hasta hace poco.

Y es que estoy completamente de acuerdo con todos los argumentos que pueden plantear las personas que están a favor del aborto: por qué criar a un hijo no deseado, por qué traerlo a este mundo donde no tengo qué ofrecerle, que si no hubieran tantos niños no queridos la sociedad estaría mejor, que si es producto de una violación, que si no estoy lista para ser madre... etc. OK. En serio, estoy de acuerdo con todo.

Entonces, cuál es mi motivo?

Simplemente que cuando una persona aborta está decidiendo sobre una vida que no es la suya, en el sentido de que la madre es sólo eso, madre. Y puede querer o no querer serlo. Puede abandonar al bebé al nacer, puede quedárselo, puede regalarlo, en fin. Decisión de ella. Pero, bajo mi punto de vista, no puede negarle el derecho a ese niño a vivir su vida, por muy asco de vida que pueda llegar a ser. Si después quiere quitarse la vida, cosa de él o ella; está en su derecho de decidir sobre SU PROPIA VIDA y en base a eso mismo es que, como dije, apoyo el no estar lista para ser madre, el que viene enfermo y no tendrá una buena vida, el que no me gusto el perfil de la guagua así que ya no la quiero, en fin, millones de razones que van más allá de mi interés.

Apoyo la eutanasia voluntaria. Apoyo la pena de muerte (basándome en que el ser en cuestión fue capaz de tomar sus propias decisiones) pero no apoyo el quitarle el derecho a alguien de tomar dichas decisiones.

Y claro, si entramos en un debate ético de qué es mejor para los niños, del hambre, de una familia feliz, de lo que se les ocurra podemos hablar del tema para siempre, pero en mis razones ese no es el punto. Abortar es: matas a la guagua o no matas a la guagua. Simple y sencillo, aunque no suene bonito.

Quizá, después de todo, el bastardo mal querido que quisimos matar llegue a ser una persona. Quizá sea feliz, o quizás nos maldiga por haberle dado la vida que tuvo. Pero será, como fue desde el principio, su vida. No la mía.

Actualización: Lo que me faltó decir es que estoy, a pesar de estar en contra del aborto mismo, a favor de la legalidad del aborto, porque, nuevamente, es decisión propia. Mis razones para decir NO son claras, pero a la vez muy personales. No voy a meterme a controlar (no me interesa cambiar) lo que hagan/piensen las demás.